Cambios de paradigma

24 noviembre, 2010

Hay quien dice que si uno pudiese enfrentar a  un habitante de la antigua Grecia a la experiencia de observar una entrevista periodística en un televisor, lo que, efectivamente llamaría su atención no sería el televisor si no ver a dos personas hablando de modo tal que pretenden ignorar el hecho de que otras las observan y escuchan aún cuando n0 pueden intervenir en el diálogo.

Twitter ha venido a traer a esa extraña exposición, la ilusión de que se puede intervenir en esas discusiones en vez de ser un mero espectador.

Digo ilusión porque ninguno de los ministros del gobierno que vomitan sus pareceres de a ciento cuarenta letritas me ha contestado cosa alguna.

No me animo a intentar con las rutilantes estrellas porque, precisamente, temo los consejos u opiniones incandescentes que desprenden mientras se desintegran, afortunadamente, en su vertiginoso descenso atmosférico.

Este mecanismo de constricción textual, cada tanto, te puede poner dentro de ese hipotético tubo de rayos catódicos helénico, haciendo que tus intercambios sean vistos por centenares o miles.

Me pregunto, entonces, ¿qué sera lo más sorprendente?  ¿Discutir frente a miles? ¿Qué sean miles de desconocidos? ¿Qué el interlocutor sea  un desconocido?

Mientras tanto, dos voces se encuentran para contarse, frente a nosotros, que lo mejor que tienen para decirse, lo dicen en privado.

Albricias.

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