Pan

31 diciembre, 2012

Bread party

Bread party (Photo credit: rofi)

El lunes pasado, azarosamente, mi trabajo me llevó a un banco sobre la calle Venezuela. Entre Perú y Bolívar.

Mariana tenía una entrevista a un par de cuadras y le ofrecí ir a buscarla para acercarla al lugar.

Dejamos el auto en una playa de estacionamiento descubierta en Chacabuco y Venezuela.

Antes dejaba el auto allí todo el tiempo pero luego empecé a dejarlo mas cerca de la Avenida de Mayo.

Caminamos por la calle Venezuela, primero hasta mi obligación en el banco y luego de una rara situación en la algo que siempre hago solo requirió de su ayuda, continuamos el par de calles que nos faltaban para llegar a su posible nuevo empleo.

Le pregunté a un tipo que parecía extranjero por la tonada cuantas calles faltaban para Balcarce y me miró como si le hablara del fin del mundo. Y eso que estaba atendiendo un puesto de diarios y revistas.

Me despedí de Mariana en la imponente puerta de la empresa y me puse a desandar hacia Plaza de Mayo, donde el tercer subsuelo del Banco Santander Río era mi siguiente parada.

Al emerger con los cheques en el bolsillo, busqué la recova del Cabildo hacia Avenida de Mayo primero y Perú luego para, desde Florida y Diagonal Norte, buscar Bartolomé Mitre y el nuevo local del Standard Bank.

A la vuelta de la esquina dejé en una máquina de depósito los cheques al día y, al salir del Credicoop, comencé a caminar las no pocas cuadras que me separaban del auto.

De nuevo en Chacabuco y Venezuela, me encontré con los empleados del estacionamiento.

El que estaba sentado en la caja sonreía con ese optimismo que tanta desconfianza me inspira, con esa cosa que en la tapa de un disco de Bersuit -creo- llaman “asquerosa alegría”.

Y me preguntó: “¿Cómo le va? Dígame que bien. Porque si a mí me va bien, a usted le va bien”.

Forcé una sonrisa y pensé que, después de todo, tampoco me iba tan mal.

“Es cierto, me va bien” respondí.

Nuestro pequeño intercambio se interrumpió con la intervención que hizo el otro empleado, supongo, de reciente incorporación, preguntándole al cajero acerca de alguna fiambrería para comprarse algo de fiambre y proveerse un sándwich para el almuerzo.

“Fiambrería no” sentenció. “Pero el ecuatoriano tiene fiambre y tiene un pan un pan interesante para prepararte un buen sánguche”.

Se ve que el tipo no necesitaba más precisiones porque se calló y permitió que la conversación con su compañero prosperara.

“Me parece interesante que a usted un pan le parezca interesante” disparé.

El tipo se iluminó. “¿Sabe que pasa?”.

“Si usted me pone cualquier comida sobre la mesa, pero no hay un buen pedazo de pan rico, para mí no vale nada. No importa que sea un buen plato de fideos, un estofado o un rico asado.”

Se ve que puse cara de interesado en el asunto porque el tipo prosiguió con sus justificaciones.

“Mire, el fiambre puede ser más o menos rico, pero el pan… el pan es lo que hace al sándwich”.

Me cobró y me devolvió la llave mientras continuaba su disertación sobre el pan y sus virtudes. Comenzó, incluso, a seguirme hasta el auto mientras hacía este panegírico del pan.

No sé porque. Pero supongo que, debido a que yo había comenzado esto, le conté la anécdota del jefe portugués de mi amigo Gustavo que había descubierto que el pan en Buenos Aires no era una mierda, como en Lisboa y se desayunaba un kilo de pan francés, a diario.

Le dije que yo siempre había pensado que el secreto debía estar en el agua y cuando me disponía a disertar sobre índices de acidez, alcalinidad o dureza, me detuvo con una afirmación tajante: “El secreto está la harina”.

Lo miré con cierta perplejidad y el tipo prosiguió, justo cuando iba a hacerle notar que, e

 

n todo caso, la diferencia del agua también afectaba el riego del trigo.

“Hace muchos años recibí una consulta de la Boca” -como si La Boca estuviese tan lejos de San Telmo o si consensuase el separatismo de La República de l

 

a Boca- “Una gente quería empezar un proyecto de panificación” dijo y me miró con severidad e hizo un silencio.

Ahí yo pensé que el tipo iba a confesar que había colaborado con unos delincuentes que amasaban mignones con agua de la desembocadura del riachuelo y que la harina en estas latitudes era tan maravillosa que ni la mas fétida de las aguas podía eclipsarla.

Cuando me preparaba para usar esa afirmación como punto de apoyo para refutarlo elogiando el agua del Riachuelo el hombre continuó:

“El secreto está en la harina. Que no es cualquier harina. Yo los mandé a una proveeduría para panificación. Ahí no venden eso que nosotros compramos en el almacén. Ni tres ceros, ni cuatro ceros, ni cinco ceros. Es tan fina, tan suave la harina que venden en esos lugares que es imposible que lo que uno amase no salga rico”.

El tipo estaba muy convencido y yo, realmente, tenía que continuar con mis obligaciones así que dí un paso mas hacia el auto. El tipo me puso una mano en el hombro y me dijo: “Pruebe. Vaya a una proveeduría para panaderías, en Pompeya hay alguna e incluso cuando amasa fideos caseros puede probar.

Sonreí y me despedí pensando que tenía que pasar por la estación de servicio de Boedo y Chiclana para ponerle nafta al auto.

Durante la siguiente media hora mi conciencia se alejó de las levaduras y los hornos de panadero pero de repente, y cuando conseguí desalojar mi cabeza de la urgencia del combustible, al salir de la estación algo se me desacomodó en la cabeza y no giré por Caseros para volver a buscar Chiclana. Seguí una cuadra por Avenida Sáenz y repentinamente doblé por la calle Pomar.

El semáforo me detuvo antes de poder cruzar Raulet.

Desvié la atención del rojo del semáforo y allí estaba: una proveeduría de insumos para panaderías.

Desde el otro lado de la calle podía ver esa esquina llena de bolsas de harina que me miraban, desafiantes, invocando mi duda.

Reconozco que por un momento pensé en detenerme y comprar harina pero luego el semáforo encendió su luz verde y me dije: “A cagar, la diferencia está en el agua”.

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2 Responses to “Pan”

  1. ar Says:

    🙂
    mi novia también es fanática del buen pan, al punto que cuando viaja a visitar a su familia en Bélgica se trae lo que puede
    Feliz año!


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