Libertad

9 enero, 2013

Hoy llega un barco. Un barco de guerra. Como tal ha resultado inembargable pues se supone que las naves de guerra no pueden embargarse, lo cual es raro si uno lo piensa dos veces.

No menos rara la condición casi oximorónica -¿existe esa palabra? de un “Buque Escuela”, cuando ese buque es una nave de guerra y uno tiende a pensar en- las escuelas como en un sitio donde se construye la vida de la gente desde la paz.

Refutará alguno mi idea diciendo que a participar en la guerra también se aprende en algunas escuelas y deberé concederlo. No sin olvidar que en las más acomodadas sociedades los estudiantes andan practicando con sus compañeros de estudios los consejos de los panfletos de asociaciones del rifle.

Recordaré entonces que la nave  no vuelve, afortunadamente, de la guerra. Me dirá alguno con ganas de celebrar que, de todos modos, se trata de un regreso triunfal y abundará sobre las virtudes de un victoria de carácter legal carente vícitmas, una situación impensada en los conflictos clásicos.

Y así nos quedaremos: unos festejando, otros despotricando y yo preguntándome.

Fragata (Q-20) ARA

Fragata (Q-20) ARA “Libertad” (Photo credit: Wikipedia)

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