David

11 enero, 2016

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Siempre pienso que los artistas, particularmente los actores y los músicos, están un poco sujetos al destino de aquellos que son filmados por la máquina de la Invención de Morel.

Condenados a dejar la carne a cambio de una permanencia imperecedera de sus pasos por este mundo.

Se me apareció la idea, por primera vez, hace casi veinticinco años años cuando ví en un diario de papel que Freddie Mercury había muerto.

Hoy la muerte de David Bowie me la relató una aplicación de un smartphone y otra diferente me ofreció escuchar Blackstar, su último, disco sólo unas horas antes.

Tal vez uno debería haber adivinado que ya era mucho. Que con tanto fantasma suyo en Internet era medio imposible que siguiese mucho tiempo más entre nosotros. Ya había dejado todo.

Menos mal que en la otra cuadra pegaron unos afiches del último disco que podés tocar con la mano. Si no ¿Quién sabe? Tal vez no podríamos estar seguros de que todo esto sucedió.

Sin dudas, este es nuestro último baile.

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