Que lío

27 junio, 2016

El fútbol es,  como dice Reynaldo Sietecase,  la más importante de las cosas menos importantes.
Al menos, lo es para millones de personas. Millones en los que,  lamentablemente,  no me incluyo.
Y digo que es lamentable porque luego de décadas

de regodearme en mi rareza he entendido que lo mío es algún tipo de insuficiencia. Es como si me faltase una enzima que se ocupa de desdoblar en mi fuero interno ese acontecimiento de la cultura.
Así las cosas, primero me he abstenido de presenciar partidos desde aquella vez en que le pedí a mi padre que me desanudara esa bandera a modo de capa y que me llevase a casa antes de dormirme en medio del encuentro.
Más recientemente,  consciente de esta suerte de atrofia, me he propuesto entender ese fenómeno, con escaso éxito, y sobre todo he decidido leer acerca del asunto. Especialmente a Eduardo Sacheri.
Ha resultado evidente,  la fascinación que todos aquellos que tienen esa sustancia en su organismo (llamémosle “futbolasa”) les produce ver a unos tipos corriendo tras una pelota.
El modo en que esos recorridos signan sus tristezas y sus alegrías es inequívoco.
Anoche miré unos minutos la televisión. Con escasa atención. Me perdí incluso el penal fallido de Messi. Es más,  no puedo conectarme con su desazón. No puedo abstraerme de mi parecer acerca de que sufrir, me parece que sufren otros que tienen muchas menos satisfacciones de la vida (podemos salir a la calle y les muestro).
Sin embargo, pienso que yo esto no lo entiendo y que si este tipo, acomodando en la red una pelota puede hacer que alguien sonría, puede ser,  que a, a pesar de Borges, esté salvando a alguien,  esté salvando al mundo.
Que lo siga salvando.

Anuncios

Cinco minutos

20 febrero, 2016

image

Aclaración preliminar :
Esto no es un texto que escribí espontá  neamente. Es la respuesta a un come  ntario  en una red social del que debe haber sido mi gran amigo de la infancia  al que muchos años después he vuelto  a encontrar.
Buzz Aldrin tiene razón,  nos habían prometido colonias en Marte pero nos dieron Facebook.
No me importa. Bien vale la pena. Los marcianos pueden esperar tranquilos. Estoy ocupado charlando de nuevo con Ariel.

La lógica del pensamiento dominante de este momento está cimentada en que si se busca al mismo tiempo la igualdad y la libertad, no se consigue ninguna de las dos así que te venden primero la libertad, en el sentido de presunta oportunidad para competir por los recursos. Acto seguido aquellos que no logran hacerse de esos recursos advierten que efectivamente no tienen ninguna de las dos cosas contradiciendo lo que se les propone. Luego,  cuando pretenden comunicarlo,  advierten que esas dos cosas,  la igualdad y la libertad, han sido apropiadas por otro grupo. Todo esto en la falacia de que lo que dice la ley es justo. Para ejemplo  me remitiré a las numerosas prohibiciones alimentarias de diferentes religiones que, en su carácter de leyes divinas, pueden provocar hambrunas. Un estado,  como detenta el monopolio de la fuerza, puede volver legal lo que le parezca,  como apalear al menos afortunado,  con el palito de abollar ideologías o con un sistema impositivo regresivo, y será legal pero lo justo… lo justo es otra cosa.  (disculpen lo extenso,  pero hoy me levanté un poco reflexivo)

Despedidas

10 diciembre, 2015

Ayer no pude mirar el último discurso de Cristina. Tampoco fuí a la Plaza de Mayo.
Supongo que no me gustan las despedidas y,  como siempre, con  lo que entristece, las palabras se ausentan.
En esa ausencia voy a tomar prestado más  o menos literalmente un texto de Pedro Saborido y Diego Capusotto que escuché una vez en la voz de Peter y que va, creo,  así:
“De las reuniones me voy sin saludar porque con algunas personas me resulta imposible esconder la sonrisa que me surge ante la idea de alejarme de ellas.
Pero también hay otras personas a las que no quiero ensombrecer haciendo que vean que me resulta imposible ocultar mi tristeza “

Sospechas

25 septiembre, 2014

Ahora que me terminé el tostado y no me queda más remedio que esperar que la hora de ir a buscar a mi hija a la salida de su curso, las voces de los que están acompañados en las otras mesas me invaden.
En especial el par de minitas de la mesa de al lado.
Quisiera no escucharlas pero resulta más o menos inevitable.
Discuten temas que francamente me hacen preguntarme si hay alguna capacidad especial inadvertida.
-¡hola INADI!.
Probablemente no. Tanta nada solo puede ser parte de un plan.  Un plan para engañar al otro género haciéndonos creer que somos más lúcidos o menos  esclavos de las hormonas.
Una conspiración para dominar el mundo tejida entre mensajes cifrados en  Cosmopolitan y Para tí…
Huyo a buscar la la niña antes de que la capte la logia.

Diálogo dominical

20 agosto, 2014

Timbre.
-Buen día, tenemos una importante información para compartir con los vecinos.
-¿Qué información?
-Queremos hablarle de la palabra del Señor…
-¿Puedo pedirle algo al Señor?
-Claro, las oraciones son siempre escuchadas.
-Digale que no le voy a pedir por la paz en en Gaza, en Irak, ni por los niños con hambre del mundo. Imagino que escucha esas plegarias a diario y debe estar fuera de su alcance.
-¿Y por quién va a pedir?
-Por ustedes. Para que no vuelvan a perder el tiempo con los que estamos condenados a la incredulidad. Para que usen su tiempo para arreglar lo que Él no puede. O no quiere.

Escrito en el cuerpo

30 noviembre, 2013

Tiene los brazos plegados contra sus pechos. En esa cuna temporal una carpeta. La espalda descubierta por la exigua musculosa.

En medio de la multitud que espera para cruzar y seguir caminando por esa calle de mentira que es Florida, veo el dorso de su mano izquierda. Una palabra escrita a conciencia con un bolígrafo, un marcador. No una anotación fugaz en la palma pero tampoco un imperecedero tatuaje.

Me pregunto, por un instante que hacer y, súbitamente el semáforo le pide a todos que den el primer paso. Alzo la vista y las miradas se cruzan un instante. La mía de perplejidad. Ella con ojos decepcionados y una mueca.

Se pierde en un mar conocido de desconocidos.

Su mano dice “¡RÁPIDO!”

Miro las tendencias en twitter. Me entero de que han asesinado a una joven, casi una niña. Reviso las publicaciones y, por un momento enrollo el ovillo del tiempo y la niña deja de estar muerta en una bolsa de basura. Por un momento solo ha desaparecido. Se ha desvanecido.
Me siento solo en una fonda. Pido un pedazo de entraña y, como me doy cuenta de que es mía, hago todo lo posible por volverla a su sitio.
Para que el resto de los parroquianos no adviertan mi descubrimiento, la mastico y la acompañó con papas fritas.
Mientras me acomodo las tripas alzó la vista y en el televisor, sin sonido veo a la madre de la niña. Le falta algo. Le falta la tristeza, pero nadie parece notarlo. Después de todo, a mi me faltaba la entraña y nadie me ha señalado.
Me despierto. Enciendo el televisor y lo dejo susurrar: la mataron en casa. Mamá sabía.
Me deshago de mis entrañas en el baño porque no han cuajado con mi ser.
Pienso que tuvimos que inventarnos dios para vigilar nuestra capacidad de lo atroz. Pienso que luego reconocimos que debíamos escribir nuestras propias reglas y vigilarlos a nosotros mismos.
Delineamos en papeles los límites de nuestro libre albedrío, estrechándolo y ensanchándolo.
Sigo escuchando el susurro y me pregunto si no habremos trastocado algo el día en que reproducirse se convirtió en un derecho de los adultos. Un derecho que, como se puede ver, se confunde fácilmente con el de la propiedad sobre un hijo.
Me pregunto si no se ha vulnerado incluso el derecho de los niños a tener padres.
Una cosa es segura. Por ahora tienen el derecho a ser paridos por monstruos.

A %d blogueros les gusta esto: