David

11 enero, 2016

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Siempre pienso que los artistas, particularmente los actores y los músicos, están un poco sujetos al destino de aquellos que son filmados por la máquina de la Invención de Morel.

Condenados a dejar la carne a cambio de una permanencia imperecedera de sus pasos por este mundo.

Se me apareció la idea, por primera vez, hace casi veinticinco años años cuando ví en un diario de papel que Freddie Mercury había muerto.

Hoy la muerte de David Bowie me la relató una aplicación de un smartphone y otra diferente me ofreció escuchar Blackstar, su último, disco sólo unas horas antes.

Tal vez uno debería haber adivinado que ya era mucho. Que con tanto fantasma suyo en Internet era medio imposible que siguiese mucho tiempo más entre nosotros. Ya había dejado todo.

Menos mal que en la otra cuadra pegaron unos afiches del último disco que podés tocar con la mano. Si no ¿Quién sabe? Tal vez no podríamos estar seguros de que todo esto sucedió.

Sin dudas, este es nuestro último baile.

Una Gigante (con queso)

17 diciembre, 2015

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Podría decir que J.J. Abrams le pidió prestado a George Lucas su ejemplar del “Héroe de las mil caras” de Joseph Campbell y ejecutó otra versión del mitíco viaje épico del héroe.

Podría decir que se trata de una película que vuelve sobre pasos conocidos y los recrea. Y suopngo que es eso lo que hace. Provoca la cierto tipo de evocación que lleva a un lugar familiar, como, por ejemplo, la imagen de las trenzas de una amiguita de la escuela.

Vaya uno a saber porque se me aparece como primera imagen eso…

Lo cierto es que si sigo escarbando en ese rincón de la memoria, me veo saliendo de un cine de la calle Lavalle y sentándome  en Pumper Nic para comerme una hamburguesa gigante con queso.

Supongo que me pasa porque esta película es como si alguien cocinase de nuevo una receta vieja que te gusta. Pero, claro, no es tu abuela. Es una cadena de comida rápida que, igual que tu abuela, ya no está.

A pesar de cierta ausencia, no lo duden, no defrauda. Viene con Freny´s.

Despedidas

10 diciembre, 2015

Ayer no pude mirar el último discurso de Cristina. Tampoco fuí a la Plaza de Mayo.
Supongo que no me gustan las despedidas y,  como siempre, con  lo que entristece, las palabras se ausentan.
En esa ausencia voy a tomar prestado más  o menos literalmente un texto de Pedro Saborido y Diego Capusotto que escuché una vez en la voz de Peter y que va, creo,  así:
“De las reuniones me voy sin saludar porque con algunas personas me resulta imposible esconder la sonrisa que me surge ante la idea de alejarme de ellas.
Pero también hay otras personas a las que no quiero ensombrecer haciendo que vean que me resulta imposible ocultar mi tristeza “

En estas horas que han pasado desde que se eligiera un nuevo presidente, he visto que algunas personas pegan, de molde, una frase que invita a la ruptura de relaciones virtuales e incluso sociales en virtud de un supuesto derecho inalienable e inobjetable al festejo del resultado que, por cierto, a mí me entristece
Como algunas de esas personas son para mí mas importantes a título individual que la persona que ha sido elegida presidente y, dado que la frase se repite, la entiendo, como decía, copiada y no pensada.
En ese estado de cosas voy a hacer dos cosas:
En primer lugar no pienso hacerles caso y continuaré con esos vínculos respetuosamente.
Finalmente, y en el mismo espíritu respetuoso, les digo que a la luz de la pobre gestión que esta fuerza política ha realizado en la jurisdicción que los vio surgir, sus celebraciones me parecen, como mínimo, prematuras.

 

El último

6 agosto, 2015

Cuando uno es un niño tiene ese permiso anual para el pensamiento mágico en el momento de soplar las velitas de la torta.
Tres deseos. Tres pedidos que, por inexperiencia o impericia,  terminan en el encargo telepático de una commodore 64 o, más recientemente, una Playstation.
Con el paso de los años ese pensamiento mágico se diluye y uno se va olvidando del asunto de los deseos.
Alguien (la que no me lee) me lo recordó. Me dí cuenta de que no se me había pasado por la cabeza y que no sabía que pedir. ¡Y había que pedir tres!
Lo pensé un poco y lo resolví. Voy a pedir mi último deseo: No tener que pedir nunca más nada. Que sucedan cosas buenas sin pedir. Porque cuando uno es un poco más grande,  uno advierte que pedir es mendigar y no está bueno.

No sé si algo o alguien se ocupa de cumplir los deseos de los adultos. No me preocupa. Con la conspiración de los padres que cubren a Papá Noel y los Reyes Magos alcanza para los pibes. Y a mí  me alcanza con ese deseo.

Así que, como no tengo bolsitas con cotillón, les dejo ese par de deseos.
Hagan algo bueno con ellos.

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Delfines que permiten que un niño le haga una ecografía. Una Orca que se arrastra por la orilla pero no se come ningún lobo marino.  Un lobo marino que lo festeja bailando. Pingüinos que tienen ventiladores.
Y cuando se acaba la batería y ya no puedo fotografiarlo se acerca a la mesa del bar una pavo real que quiere una hamburguesa con queso pero se conforma con unas papas fritas.

Sospechas

25 septiembre, 2014

Ahora que me terminé el tostado y no me queda más remedio que esperar que la hora de ir a buscar a mi hija a la salida de su curso, las voces de los que están acompañados en las otras mesas me invaden.
En especial el par de minitas de la mesa de al lado.
Quisiera no escucharlas pero resulta más o menos inevitable.
Discuten temas que francamente me hacen preguntarme si hay alguna capacidad especial inadvertida.
-¡hola INADI!.
Probablemente no. Tanta nada solo puede ser parte de un plan.  Un plan para engañar al otro género haciéndonos creer que somos más lúcidos o menos  esclavos de las hormonas.
Una conspiración para dominar el mundo tejida entre mensajes cifrados en  Cosmopolitan y Para tí…
Huyo a buscar la la niña antes de que la capte la logia.

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