Errores

15 marzo, 2011

Hace unos años, un amigo me pidió que escribiese algo para un programa de radio que, finalmente, nunca se concretó. Aprisionado entre ovejas eléctricas, quedó este texto, durmiendo.

El error es ante todo, si uno mira la palabra “error”, que resulta pariente de la latina “errare”, un desvío. Una bifurcación, un giro que aleja del camino. Un punto del andar que te lleva a alejarte del destino original. Más, ese mismo giro le pone a uno en la senda de otro destino por lo que, pasos más, pasos menos, en  algún punto del tiempo, el nuevo sendero se hace propio. Propio, también en un sentido de correción.  Por tanto el error mismo deja de tener entidad. Nótese, incluso, algo interesante que sucede, a veces, con la palabra “error”, y su uso en giros como “fue un error” o “por error”. Se utiliza el sustantivo pero, realmente no se está hablando del error si-no más bien del destino, del resultado, que, por cierto, en cuestiones como la neurocirugía o la política socioeconómica o monetaria de un país tercermundista pueden resultar llamativos. Esa mujer que se va con otro. O ese otro oficinista que es ascendido a gerente. No son mas gue destinos. Pero lo misterioso reside en ese momento olvidado, negado, en el que algún caminante, algún andador; sin que otro pueada imaginarlo o prevenirlo, se baja de la vereda, en silencio, y cruza la calle a mitad de cuadra, tocando con sus zapatos esos adoquines que, vaya uno a saber por qué, no debían ser pisados. Todo esto hace suponer que, en el fondo, hay también algo de engaño en la disculpa que el error parece ofrecer porque ¿Cuántos de estos caminantes en encrucijadas son obligados a dejar sus supuestas rutaspor, digamos, la amenaza de una monstruosa esfinge que los devorará si no pueden desentrañar una adivinanza zonza? ¿Cuántos se desvian porque, simplemente, la tentación invita? El error, tal vez, entonces, deberia ser reivindicado y no culpado. Porque nuestras vidas sean, quizás, una sucesión de errores. Imagínense, si no hubieramos dicho esa tontería que le llamó la atención. O, si el amigo que estaba junto a uno cuando ella nos vio por primera vez, hubiera sido un poco más inteligente o buen mozo. Imaginate, mamá, si me hubieras tratado mejor. Imaginate si yo hubiera usado condón. Imaginate si, vos, no.

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: