Puede ser

19 mayo, 2012

Este no es un blog de nada. Es un lugar en el que, a veces, consigo ordenar algunas palabras. Porque me doy cuenta de que si algo me perturba es la idea del caos. 

Se supone que no soy una persona de fe, pero en algún sentido defectuoso soy religioso. Defectuoso porque no siento que me una a otros, lo cual suele ser ese rasgo común: “Somos judíos, musulmanes, cristianos, pastafarianos…”

Lo que me pasa es que no me resulta soportable la idea de que haya cosas sin sentido. Pero tampoco me convence reunirme con otros para convencernos de que hemos encontrado ese sentido.

Siempre me parece que, aunque algunas ideas me parecen incomprensibles. La idea de Dios, por ejemplo me resulta inasible, sin sentirme movido a preguntarle por tal o cual atrocidad que, reconozco, los hombres cometemos contra nosotros mismos, nuestro mundo y las pobres criaturas que han tenido el infortunio de acompañarnos.

De todos modos, en algún lugar me gusta la idea de que el universo tenga sentido. Se halla cierta paz de espíritu en hechos como la consistencia de las sumas de los números naturales o hasta en la certeza de la muerte.

Al mismo tiempo, resulta omnipresente, como la figura de Dios para muchos, la sensación de que el mundo o, en un sentido más amplio, el universo está en un camino errado. Sé que muchos encuentran en eso una suerte de punto de apoyo mesiánico. Me pregunto como lo viven los fieles de religiones cuyos enviados ya han pasado entre nosotros, al menos, según sus textos canónicos.

A mí, en particular me pasa que, como dije, me gustaría que todo tenga una explicación. Será por eso que me gustan las historias. 

En los relatos hay algo que insinúa que el mundo se puede arreglar. Las palabras, las imágenes que los construyen caen en el lugar preciso, en el sitio que da razón a las cosas del mundo.

A veces me gusta pensar que esa palabra que cierra un cuento, esa oración que abre una novela,  es ese conjuro, esa plegaria que, aunque no exista alguien que la escuche, sea la que arregle el mundo.

Como no tengo biblia, torá ni corán, sigo esperando un poco, buscando otro tanto.

De vez en cuando, algo aparece.

Anuncios

¿Dónde?

3 agosto, 2010

image

Hace unos años tuve la oportunidad de convivir, por cuestiones de trabajo, con un fiel practicante de la Iglesia Ortodoxa Armenia, hasta donde sé, la primera Iglesia Cristiana.

Me llamó la atención la cercanía de la institución que los fieles, aún del otro lado del mundo. De hecho, el máximo representante de esa Iglesia –no sé si es un Papa- visitó la ciudad de Buenos Aires y, le dispensó algo de tiempo a los residentes de la comunidad armenia. Recuerdo que, inclusive, le obsequió a este muchacho una pequeña cadenita con una cruz.  Ratzinger u otro líder religioso me resulta imposible de imaginar en una actitud tan cercana, terrenal, humana.

Me acordé de  esto mientras veo a esta señora. Seguramente, fiel de la Iglesia Ortodoxa Rusa, tan forzosamente cerca de Armenia en tiempos soviéticos. Seguramente rezando mientras el fuego devora su casa en el noticiero. Ese noticiero que no miramos. Ese noticiero que Él tampoco mira.

Supongo que, como está hecho a nuestra imagen y semejanza, aunque haya instituciones religiosas, más o menos cordiales, más o menos humanas; Dios ha resultado bastante falible. Casi Defectuoso.

Ella estaba rezando. ¿Dónde estaba él?

A %d blogueros les gusta esto: