Tan fuerte, tan cerca

3 octubre, 2011

El sentido de las cosas, de los sucesos de la vida, es algo que uno busca casi todo el tiempo. Encontrarlo en la propia historia nos devuelve la fe. Ya sea en un Dios o, como en este caso, en un hombre.

En esta, la segunda novela de Jonathan Safran Foer, Oskar, un niño que súbitamente ha perdido a su padre en el atentado a las Torres Gemelas, emprende, la casi imposible tarea de encontrar algún sentido en la pérdida.

Comenzará entonces una búsqueda del significado de los últimos rastros que su padre dejó en vida y descubrirá, que tal vez, aún cuando no puede hallarse sentido en el horror, las huellas de sus víctimas pueden conducirlo a develar misterios del tamaño de una pequeña llave, de una exigua familia o de una multitud de extraños.

Foer, ya osciló entre los pogroms y el holocausto en su anterior, Todo está iluminado, así que comienzo a pensar que la pérdida es uno de sus tópicos centrales.

Si le temen a sus 424 páginas -que increíblemente devoré en una semana -pueden esperar a estas navidades y probar suerte con su conversión en blockbuster que, espero, le haga algo de justicia.

 

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Sin respuestas

13 marzo, 2011

A man prays in front of a house devastated by tsunami in Minami Soma, Fukushima, northern Japan after Japan's biggest recorded earthquake slammed into its eastern coast March 11. #

El agua potable escasea. La electricidad desaparece. Las redes de telecomunicaciones fallan. Un hombre ensaya un último recurso. ¿Habrá alguien en esa oficina?

Morfología

24 julio, 2010

Hace unos días, retomé con algún desconocido, en twitter, la idea acerca de la importancia de apropiar o no el uso de ciertas palabras.
Yo sostenía que el uso de la palabra “matrimionio” para designar a parejas homosexuales era un problema pues abría el debate hacia los rincones dogmáticos de los religiosos más fundamentalistas.
Finalmente, el orden legal de las cosas le dió la razón a mi interlocutor y la unión entre personas del mismo sexo será, en este país, matrimonio.
Entre ese debate y el que desembocó en la sanción de la ley de matrimonio igualitario tuve otra conversación. Una que me dejó casi sin respuestas ante la primera intervención de mi interlocutora.
Mi hija también parecía preocupada por las palabras y su comportamiento en relación con el género de las personas. En particular le llamaba la atención la desaparición del género en el plural, como si las mujeres desaparecieran entre los hombres:
“¿Por qué cuando hay hombres y mujeres juntos se dice “ellos”?”
En ese momento me dí cuenta de la palabra “matrimonio” no era la única que presentaba un problema.

No saber

16 abril, 2010

Y entonces, dejás de pedir eso que ya te quitaron. Y, como te duele, pedís un espacio para acordar como repartir lo que se tiene. Como asumir lo que se debe. Como ocuparse de quien nos necesitará siempre a ambos.

“No sé”, dijo.

Supongo que no sos la única.

Decir, hacer.

8 abril, 2010

Hoy me encuentro en la encrucijada. Pensando en que algun acto debo acometer para mover algo en este extraño juego en el que quien te acompañaba te pide que te vayas porque no quiere estar mas a tu lado.

¿Es el que se queda desolado el que debe moverse? ¿Es un lugar común de género? ¿Debo esperar que mi deseo sea irme? ¿Debo responder al pedido?

¿Por qué siento que me repelen con palabras y debo irme con actos?

¿Por qué no puedo dejar de pensar?

¿Tiene alguien ahí afuera alguna respuesta?

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