Hay hombres clavan un clavo y son buenos. Hay otros que destapan un baño y son mejores. Hay quienes reparan  muchos caños, y son muy buenos. Pero hay los que se ponen a martillar haciendo sus propios muebles un sábado por la noche del otro lado de la pared, esos son los imprescindibles.

En la orilla

27 agosto, 2010

Como un caracol que se arrastra por una playa, provocando un susurro casi imperceptible al mover los granos de arena mientras rompen estruendosamente las olas, suelto algunas palabras en medio de este rugido.
A veces, el caracol mueve la arena en el momento preciso, cuando a ola aún no cierra su lazo. Entonces, alguien, me escucha.

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